Jaula

Al final siempre me sentiré como el perfecto desastre. Como una chica que se vio obligada a crecer. Que vive presa de sus pensamientos. Que siente como queman los hierros de la jaula en sus alas. Que se aísla del mundo entre cuatro paredes y una puerta. Que prefiere ir poco a poco dejando de sentir. Que sabe que siempre será a la última que escojan y por descarte. A veces parece que vivo para obedecer y no aprender. No puedo andar descalza por el mundo, porque me puedo herir. Pero hay heridas en el alma y en la cabeza que no sanan. Que como escrito muchas veces mi mayor enemiga soy yo misma. Incluso llegó hasta perder el interés por sentirme bien. Siento que si mostrara como es mi verdadero yo, nadie querría acercarse. Vivo en una función constante, en la que el telón nunca baja y los focos no dejan de iluminarme. Siento como que ya me he cansado de querer, no quiero ni querer ni que me quieran. Cansada de tropezar y no curar la herida, volver a levantarme una y otra vez, y ya siento que no merece la pena. No quiero ser triste, no quiero que mis escritos se lean tristes, pero la realidad es la realidad y no se puede ocultar. Hay obras de triste que lloras de tristeza y otras que lloras de risa. Y muchas veces mi vida es así un constante acto de drama y comedía unidos, pero mal interpretados. 

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